El ex Exclusivo

Álvaro Marín Ocampo

El Exclusivo se dio la pela y rompió el esquema parroquial que suspendía, como en cualquier pueblito, el servicio al mediodía y pasadas las 7 de la noche.

Como están las cosas, hoy por hoy, es preferible abrir una breve pagina de nostalgia para oponerla a los cartapacios de inmundicia que recogen los detalles azarosos que tienen sumido al país en el momento más melancólico y desalentador de su vida institucional. Si sobre el descuartizado mapa colombiano llueve, por el terreno de la inmoralidad pública no escampa. Sin embargo, es imperativo subrayar, por ejemplo, el cinismo y la desfachatez con que los implicados en los multimillonarios desfalcos acuden a los medios de información y se dedican a minimizar o a justificar, sin ningún pudor, sus acciones delictivas. Abruma, entre ellos, un cabecilla de la industria de la salud, quien, al final de sus cuentas alegres, afirmó sin reato y con humildad franciscana, que sólo se ganaba 90 millones de pesos mensuales de sueldo y, que ahora no sabía a que se iba a dedicar. Pobrecito. Pues, que espere su liquidación a ver qué empresa de dinero fácil puede montar con los Nules o con otros badulaques que quedarán ociosos, pero con el país por cárcel. Hasta aquí el folio de la desvergüenza que ofrece el bajo mundo de la contratación.

La idea es otra. Por estas mismas lineas han desfilado, de cuando en cuando, retablos que recogen etapas magnificas de Manizales, durante las cuales la ciudad era de todos e, incluso, hasta la amabilidad resultaba productiva, aunque suene trivial. Pero, como bien lo afirma el multicitado e inimitable Perogrullo, todo lo bueno no dura o se daña. La modernidad trae consigo, de manera principal, el germen de la obsolescencia, porque la pauta del consumismo es lo desechable que incluye desde productos e instituciones hasta seres de carne, hueso y silicona. De otro lado, nos acostumbramos a considerar, equivocadamente, que crecer equivale a progresar, cuando en realidad encarnan dos conceptos diferentes. El primero suele ser improvisado y caótico desde el punto de vista material del ordenamiento urbano; el segundo, implica planeación, responsabilidad y respeto a las tradiciones históricas. Pero, dejémoslo así.

Ocurre que hubo una época memorable del comercio manizaleño cuando, entre otras cosas, vivíamos en un vecindario amable y donde todos nos conocíamos. Entonces, la excelencia del servicio tenía nombre propio y, por lo tanto, pertenece al testimonio de un orgulloso pasado. Para la muestra, recordemos solo algunos personajes emblemáticos, cuya sola enunciación hablan muy bien de nuestro admirable comercio del ayer: Benjamín López, Félix Mejía, Efraín Ángel, Delio Mejía, Pedro Nel Arango, Uriel Londoño, Dora Villegas, Luis Montero, Antonio Llano, León Villegas, Ofelia Tobón, Eduardo Giraldo y Silvio Gutiérrez.

Capítulo aparte merece Javier Valencia Marulanda, el mismo del almacén Exclusivo, que acaba de cerrar con dolor en el alma sus puertas después de más 40 años de servicio continuo.

Javier es, por encima de todo, un ser humano excepcionalmente bueno y honesto. Podría pensarse que éste es su pecado en una época signada por la voracidad incontenible de las nuevas formas de negocios, dentro de las cuales campean los deslumbrantes establecimientos de lavado de dólares, que ignoran las mínimas normas de la competencia sana. Como si ello fuera poco, debemos considerar el poder arrollador de las llamadas grandes superficies, que vienen a establecer, gracias a su economía de escala, políticas de precios insostenibles por empresas locales. De adehala, contamos con el desbordamiento del comercio informal, que tiene como promotora la anarquía predominante en el espacio público. Quiérase o no, esta modalidad trae inmensos perjuicios para las firmas organizadas, que deben asumir altos costos relativos al sostenimiento y a sus ineludibles cargas fiscales.

Desaparece así una expresión genuina y proverbial de la fina atención personalizada. Recordemos que cuando nadie se atrevía a operar en jornada continua u horarios extendidos, el Exclusivo se dio la pela y rompió el esquema parroquial que suspendía, como en cualquier pueblito, el servicio al mediodía y pasadas las 7 de la noche. Por ese simple detalle Javier llegó a tener una eficiente cadena de almacenes en el viejo Caldas, incluyendo una planta de confecciones exclusivas.

A la ciudad y al gremio les queda, como un libro abierto, la magnífica lección vital de Javier Valencia Marulanda, un líder sin aspavientos e inusual sentido común y social.

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